Cuando el hielo se niega a elegir bando, los Rebeldes tienen que hacerlo.
Jonas Cartwright sobrevive como código; su cuerpo robado, almacenado como Subject Cartwright en una instalación clandestina de los Vigilantes. A través de los corredores envenenados de Groenlandia y la tierra de avalanchas, Halo, la Dra. Brienne Weston, Meeko y un padre atenazado por la culpa conducen un santuario en movimiento de amigos, perseguidos por la doctrina de Talia Soren -la custodia es continuidad-. Sin sedantes y con el tiempo racionado, el equipo se lo juega todo a una frágil cura tenue que compra horas, no días, y a un credo que les ha mantenido con vida: gastamos minutos, no sangre.
Cada huida aquí se paga en ventanas de dos segundos y matemáticas duras -drones cegados, mástiles de escáner abatidos, corredores tóxicos atravesados, cuellos de acantilado cruzados contando la respiración de cuatro en cuatro-. Anders y Thor combaten los picos de esencia mediante una sinergia nueva y peligrosa; Meeko parpadea entre la carne y la red; un antiguo enemigo elige un bando y un nombre nuevo. La naturaleza no ofrece milagros -ningún deus ex meltdown-, solo clima, geometría y las decisiones que tomamos bajo ambos.
Un thriller de supervivencia de precisión en condiciones de ceguera blanca, el libro convierte la biotecnología especulativa en una lección de geometría moral: los amigos, no las tormentas, hacen los minutos que importan -y gastan esos minutos para que una persona siga siendo una persona-
The Rebel Hackers of the Glacial Dawn es el Libro Dos de la saga Rebel Hackers -una historia trepidante y humana sobre cuerpos, consentimiento y el coste de la misericordia cuando el poder intenta convertir a las personas en propiedad-. Las tormentas no les salvarán. Los amigos, sí. Y si los Rebeldes logran convertir un susurro de ciencia en un salvavidas, quizá recuperen algo más que un cuerpo -quizá recuperen el futuro.
Los Hackers Rebeldes de Point Breeze
No pretendían abandonar el cuerpo - solo poner a prueba su límite. Jonas Cartwright, paralizado tras un accidente casi mortal, lideró a un pequeño grupo de amigos para intentar lo impensable: cruzar un puente cuántico capaz de sostener una mente humana intacta al otro lado. En laboratorios improvisados y en una cueva clandestina bajo el permafrost de Groenlandia, el experimento funcionó. La conciencia se estabilizó como código; la carne sobrevivió en un estado protegido, casi comatoso. Los Hackers Rebeldes - Jonas, Hope, Halo, Johnny (Shorty), Meeko, Anders, Thor y algunos aliados - demostraron que una persona podía persistir como software sin perder el hilo de su yo.